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EL TERCER DAIQUIRI

Mujer soltera curiosa y aficionada a los daiquiris busca...

EL BAÑO DE UN CABALLERO

Hace unos días, tratando de huir de Madrid y sus excesos, fui a parar a la inmensa calma de algún lugar perdido entre Toledo y Ciudad Real, una interminable extensión de olivos y encinas por donde campan jabalíes, corzos y ciervos, bajo el acecho de los cazadores. Es una tierra árida pero hermosa, despejada de la huella del hombre, y todavía a salvo de la cobertura de los móviles.

El siglo pasado se proyectó allí una vía férrea que conectaba esa zona con Andalucía. Trazaron el recorrido de las vías, cortaron montañas, levantaron puentes y llegaron, incluso, a construir las estaciones, cada una de ellas con su correspondiente plaquita, anunciando el nombre del apeadero. Pero nunca llegaron a construir la vía. Aquella línea de ferrocarriles se quedó obsoleta antes de nacer, tanto tiempo tardaron en construirla. Y allí siguen, en aquel paraje semidesértico y totalmente despoblado, el trazado de la vía, los puentes y las estaciones con sus plaquitas.

Es en una de esas estaciones perdidas, la de Pilas, donde un hombre peculiar y extraordinario ha construido lo que él llama “mi mundo”. Alto y atlético, adornado por un inequívoco aura de distinción, a pesar de recibirnos en bermudas y playeras, con una camiseta fucsia agujereada. La elegancia de algunos hombres transciende su vestimenta. Previa concesión de Renfe, este hombre ha convertido la estación de Pilas en su hogar, y de una de sus paredes cuelga un enorme retrato de su abuelo, elegantemente vestido y con el que guarda un parecido asombroso, que en su tiempo fue Introductor de Embajadores. En los alrededores de la estación se dedica a criar perdices. Tiene unas cuarenta mil. Con materiales de desguace ha construido un inmenso campo de vuelo para ellas, y un criadero. Produce su propia electricidad y extrae el agua que necesita de algunas charcas cercanas. Todo allí es asombroso. En realidad es un montón de chatarra funcionando en un equilibrio casi imposible. Pero funciona.

Cuando a la hora de comer entramos en su casa, comprobé que aparentaba tan caótica como la granja de perdices, con montones de cachivaches por todas partes, con un cierto desorden controlado, con todo tipo de objetos y muebles reciclados... Sin embargo, curiosamente, el cuarto de baño era ajeno a ese caos, como si no perteneciese al mismo universo: era amplísimo, con preciosos azulejos, y todo meticulosamente limpio y ordenado. Señal inequívoca de que estábamos ante todo un caballero.                                                           

HABEMUS TRABAJO

 

Mi amiga Leticia acaba de quedarse sin trabajo. La despidieron con la elegancia que usan ahora las empresas. Llegas a trabajar a las ocho de la mañana, como cualquier otra jornada, y en vez de darte los buenos días te dicen váyase usted a su casa, que lo suyo era un contrato basura. Y te escupen a la calle.

Así que mi amiga Leticia ha vuelto a la ruta de las ETT’s, de las entrevistas de trabajo, de los ya la llamaremos, de los vuelva usted mañana, de los no encaja en el perfil, de los sin inglés no se va a ninguna parte...

A veces Leticia desfallece, se hunde en un abismo de desesperación, y un escalofrío de miedo le recorre el cuerpo. Teme no encontrar trabajo, quedarse en la calle, convertirse en lo que no quiere. Da vueltas y más vueltas, envía currículums y se arregla cuidadosamente para acudir a las entrevistas, intentando dar el perfil de no se sabe qué. Leticia no lo tiene fácil, ha cumplido ya los cincuenta y es mexicana. La pasada semana se fue a buscar trabajo a una empresa de limpieza, pero el entrevistador la miró escéptico. Porque Leticia es una criatura delicada y elegante, hermosa, con un no sé qué de distinción natural, y unas manos de dedos infinitamente largos y frágiles. Tampoco da el perfil.

Lleva treinta años en España y es más española que nadie, hoy que eso se estila tan poco. Conoce al dedillo nuestra historia, nuestra cultura y nuestra geografía, detesta los nacionalismos y se queja de la invasión de los inmigrantes. Así que Leticia se agarra con uñas y dientes a este país, y lucha desesperadamente por no tener que volver a México, donde hace poco su padre fue secuestrado, donde su hijo no podría crecer en libertad.

Ojalá me llame un día de estos, como la última vez que consiguió un contrato, y me diga con voz alegre y con ese sentido del humor que ella destila cuando siente que ha salido a flote: “Habemus trabajo”.

LAS ENSEÑANZAS DE JOHN WAYNE

El campo no es ese paraje bucólico y apacible que los urbanitas soñamos. En mis estancias en el campo, cada vez más frecuentes, me he convencido de que los que lo disfrutan son los que ya llevan su savia en las venas. Los demás lo padecemos. Para una criatura crecida en la aridez del asfalto, es muy difícil aceptar la húmeda exuberancia del campo, su abrazo pegajoso que te pone en contacto con sus inesperados habitantes. La gente campera acepta con naturalidad las hormigas en el bocadillo, la culebra que se escurre entre sus pies o el asedio de las moscas, pero esta es una realidad demasiado viva para los que nos criamos en el cementerio de hormigón.

A mí el campo me atrae en el fondo con una especie de vértigo irresistible, y por eso voy bastante a menudo con intención de disfrutarlo. Pero una vez allí, mi condición de burguesa callejera choca estrepitosamente con la inhóspita realidad campestre. Y en el embiste, suelo salir bastante malparada. Ayer, sin ir más lejos, se me desbocó un caballo. Lo más cerca que había estado yo de un équido, era cuando me quedaba embobada viendo dar vueltas a los ponis de las ferias. Nunca llegué a montarme, sólo los observaba desde unos prudentes cinco metros de distancia. Pero en esta ocasión alguien me persuadió para subirme a lomos de una yegua.

En seguida sospeché que en el trato con caballos ocurre lo mismo que en las relaciones de pareja: como el otro sospeche que tiene el poder sobre ti, estás perdido. Mi yegua percibió enseguida que yo no tenía el control de la situación, y no dudó en asumirlo ella misma, tratándome como un fardo cualquiera que llevara en sus lomos. Salió desbocada al galope sin ninguna misericordia para conmigo, y sin atender a ninguna de mis órdenes, sugerencias, súplicas, ni exabruptos. En la frenética carrera, puse en práctica toda mi experiencia adquirida en las películas de cowboys, pero ninguna de las enseñanzas de John Wayne me sirvieron de nada. Sólo cuando, en un intento desesperado y no muy elegante de evitar rodar por los suelos, me abracé fuertemente a su cuello, la yegua se detuvo mansamente. No sé qué diría John Wayne en este caso, pero para mí que esta jaca estaba falta de cariño.

NEUROTICA BUSCA MARIDO

A las mujeres siempre nos cosen a estereotipos. Hemos pasado por muchos (angelical ama de casa, vampiresa, super-woman...), pero ahora tenemos de rabiosa actualidad el estereotipo Bridget Jones. Mujeres solitarias, depresivas, desesperadas por encontrar marido y con un importante grado de neurosis.  Films, series de televisión y literatura femenina (detesto esta definición), marcan las líneas maestras de nuestro nuevo retrato robot. Creo que Alie Macbeal dio el pistoletazo de salida a este nuevo prototipo de mujer, nos descubrió a la profesional de éxito con una vida privada absolutamente deplorable, catastrófica. Luego llegó la inefable Bridget, paradigma de lo que tratan de vendernos como arquetipo de la nueva mujer. Ésta repetía el esquema de neurótica y obsesa del matrimonio, pero para colmo de males era también una fracasada con tendencia al alcoholismo. Existe una larga lista de personajes cortados por este patrón, y que siempre corresponden a mujeres treintañeras con el arroz a punto de pasársele.

Reconozco que como personaje es resultón, sobre todo desde el punto de vista humorístico. También yo he disfrutado del cine y la literatura que narra las aventuras de estas chicas, pero desde luego soy consciente de que no pasa de ser una caricaturización de la mujer actual.

Sin embargo he observado con asombro que algunas mujeres han asumido el arquetipo e intentan parecerse a las neuróticas protagonistas de estas historias. Al parecer les resulta atractivo asumir esa personalidad de romántica desesperada por casarse. Si el fenómeno se extiende, vayan las clínicas de salud mental ampliando el número de plazas..

 

CAERSE DE BRUCES

         Igual que existe gente con tendencia a resfriarse, o a deprimirse, o a enamorarse, o a pillar una alergia, ciertas personas padecemos una tendencia casi compulsiva a caernos de bruces. Yo pertenezco a este grupo de riesgo, y os aseguro que es un peñazo. Lo peor de esta inclinación a tropezarse por la calle y acabar rodando sobre las baldosas, es que nunca sabes cuándo va a suceder. Puede ser el día en que estrenas un inmaculado vestido blanco, el día en que paseas por la calle más céntrica y concurrida de la ciudad, o mejor todavía, el día en que te cruzas con tu exnovio acompañado de la otra.

          Otra cosa que no soporto de caerme, es que la gente que acude a recogerte del suelo siempre dice las mismas chorradas. “¿Está usted bien?” (“¡Cómo voy a estar bien, señora, con el leñazo que me acabo de pegar!”) “ ¡Huy, qué caída más tonta, hija mía!” (“Claro, como si hubiese caídas inteligentes...”).

         De lo que sí me siento orgullosa, es de mi estilo al caerme. Hay gente, por ejemplo, con tendencia a caer de rodillas, pero a mi me parece una postura bastante degradante. Yo jamás me he caído de rodillas. Siempre, absolutamente siempre, me he caído en plancha. Creo que hace más elegante.

 

MALDITO PASADO

Esta es una de esas invitaciones que no puedes rechazar, porque quedas fatal... En fin, yo no quería pero ahí tenéis unos retazos de mi historia personal. No os asustéis y... lo siento por los que he tenido que elegir para participar!!
 
Invitada a jugar por Tyler, el recorremundos.
 
 
10 AÑOS ATRÁS YO...
 
Tenía 23 años, trabajaba 60 horas a la semana como doncella en un centro de Opus Dei. No podía salir los fines de semana, y durante la semana sacaba unas horas al día para estudiar doblaje e interpretación en la escuela de Salvador Arias. Íbamos a recitar poesía a La Soleá de Madrid. Los domingos por la tarde colaboraba como voluntaria en un programa de la Cruz Roja. Estaba leyendo la biografía de Federico García Lorca por Ian Gibson. Me había rizado el pelo.
 
 
5 AÑOS ATRÁS YO...
 
Vivía en una residencia femenina, toda mi vida cabía en una habitación de siete metros cuadrados. Trabajaba como azafata de congresos y  como colaboradora en Diario 16 y La Voz de Galicia. Tenía un romance con un directivo que me tenía loca. Conocía cada rincón de la noche madrileña. Me gastaba todo lo que ganaba recorriendo con mi amiga Patricia los restaurantes más in de la ciudad. Conocí a mi actual novio, al que no soportaba. Me levantaba muy temprano para ir a correr al Retiro. Comía toneladas de sandwichs de salmón y huevo de Viena Capellanes.
 
 
1 AÑO ATRÁS YO...
 
Vivía en el barrio más parecido a Bronx que os podéis imaginar.Acababa de reconciliarme con mi novio, con el que había roto en Navidades, provocándome un estado lamentable en el que no comía, ni reía, ni a penas salía a la calle. Trabajaba como secretaria en una multinacional y colaboraba con El Correo Gallego. Los fines de semana solía irme al campo. Mi amiga Patricia se había quedado embarazada, pero seguíamos saliendo a cenar algunas veces. Descubría que era un desastre como conductora y que el carnet iba a costarme una pasta (a parte de una contractura y un herpes zoster de los nervios).
 
 
AYER YO...
 
Me levanté prontito para ir a mis clases de yoga. Limpié la casa para dejarla reluciente antes de irme de fin de semana. Me preparé un gallo al horno que me salió de escándalo. Me lo comí viendo el programa de Ana Rosa Quintana. Me salté las clases de inglés. Me aburrí muchísimo en el trabajo.
 
 
CINCO CANCIONES DE LAS QUE NO ME SÉ LA LETRA...
 
 
  1. As time goes by. (Casablanca).
  2. Diamonds are the girl best friends. (Marilyn).
  3. I will survive. (Gloria Gaynor).
  4. My way. (Frank Sinatra)
  5. Aserejé. (Las ketchup).

 

CINCO LUGARES IDEALES PARA MÍ...

 

  1. La playa de Cabío en julio a las diez de la mañana.
  2. El sillón frente a la chimenea en casa de mi novio.
  3. Cualquier terraza de Madrid en las noches de verano.
  4. Descalza sobre la hierba en el parque del Retiro.
  5. En mi cama antes de apagar la luz después de un día de perros.

CINCO MAYORES ALEGRÍAS DE MI VIDA

 

  1. Mi novio.
  2. Toda la maravillosa gente que me rodea.
  3. Dormir la siesta en el sillón los fines de semana y quedarme dormida viendo las horribles pelis que dan después de comer.
  4. Comer bien.
  5. Perderme en el campo los fines de semana.

CINCO COSAS QUE ME GUSTA COMER...

 

  1. Las frutas confitadas
  2. Las nécoras
  3. Las almejas a la marinera que hace mi madre.
  4. Las vieiras al horno que hago yo.
  5. Las cocochas a pil-pil que hace mi novio.

CINCO COSAS QUE NUNCA ME VERÁS USAR...

 

  1. Minifalda
  2. Salsas de bote
  3. Piercings
  4. Pulseras tobilleras o anillos para los pies.
  5. Encajes o transparencias

CINCO JUGUETES FAVORITOS...

  1. Mi perrito Rufo de los 3 años.
  2. Mi bicicleta Torrot de los 6 años.
  3. Mi Barbie de los 11 años.
  4. Mi Wendoline de los 12 años.
  5. Mi Diseña tu Moda de los 14 años.

Y ESTOS SON LOS ELEGIDOS:

 

Ape Boy http://spaces.msn.com/Iubum/

Angie_Kamikaze http://spaces.msn.com/princesa-kamikaze/

Oskare http://blogskare.blografias.com/

Trébol http://www.blogs.ya.com/treboldelasuerte/

Nago http://spaces.msn.com/txago88/

CÓMO ME IMAGINO AL HOMBRE IDEAL

 

 

Ayer estuve en una “Fiesta de la Mascarilla Antiarrugas”. Para los que no estéis familiarizados con este tipo de eventos, os diré que es algo así como un aquelarre en el que las asistentes, en deshabillé de La Perla o idem y con la cara untada de mascarilla antiarrugas, comen sushi, beben cava y se lamentan de lo cerdos que son los hombres. A mí me invitó una antigua compañera de colegio con la que me encontré por casualidad, y yo me excusé diciendo que no tenía nada que ponerme, que a mí La Perla se me salía del presupuesto. Pero ella insistió y se ofreció a dejarme un picardías.

Así que ayer por la noche me encuentro en un chalet de las afueras, en ropa interior, con la cara pringada de una cosa grasienta y rodeada de un montón de chicas con apellidos compuestos. Al principio estaba más bien concentrada en no manchar de salsa de soja la mega-carísima ropa interior que llevaba puesta, pero después del segundo churretón empecé a relajarme.

El prototipo de las asistentes era: mujer de treinta años con mechas intentando aparentar diecinueve,  revienta su visa oro durante el síndrome premenstrual, tiene una foto de Rajoy sobre el escritorio, se ha hecho la depilación láser y espera encontrar algún día un marido tan bueno como papá.

A alguien se le ocurrió que cada una de nosotras dijera cómo imaginaba al hombre de su vida. Algunas se lo imaginaban ofreciéndole flores, otras corriendo por la playa, o de rodillas y con un anillo de compromiso en la mano. Menudo fraude. A estas no les han contado que después de diez años de matrimonio, lo que más ilusión le puede hacer a una mujer es que se acuerden de sacar la basura. Una de ellas entornó los ojos, miró al infinito y, después de un buen rato dijo: me lo imagino poniéndome una multa de tráfico. Las mujeres somos impredecibles.

EL TÍO MIGUEL

El otro día me hablaron del tío Miguel, un señor singular que vivió a principios de siglo, en la época de Alfonso XIII. El tío Miguel era uno de esos cortesanos que rodeaban al monarca, y aun sin ser Grande de España, se codeaba con los más sobresalientes títulos de España. Heredó cuatro inmensas fortunas, y las cuatro dilapidó. También hizo dineros en las américas que corrieron la misma suerte. Era un hombre elegante que se movía en coche de caballos, iba impecablemente vestido y se alojaba en el hotel Palace.

 

Y no es que se hospedara allí ocasionalmente, sino que durante gran parte de su vida, el hotel Palace fue su hogar.

El tío Miguel era un señor de la época, de familia bien, que frecuentaba la alta sociedad, donde era muy apreciado. Y sin embargo era un bohemio. Una de sus pasiones eran los toros, y llegó a ser sobresaliente de espadas de Joselito, de hecho estaba en la plaza cuando lo mataron. Esta vocación suya era bastante inusual en su clase social. Por cierto que su hija fue posteriormente rejoneadora, cosa que tampoco era habitual en una mujer. Como buen vividor que era, acabó arruinado, y sin embargo siguió llevando la misma vida de siempre. El director del Palace le permitió seguir alojándose durante años en el hotel, a pesar de no poder pagarlo. Eran otros tiempos.

El tío Miguel poseía un sentido de la lógica muy peculiar. Había una máxima que seguía a rajatabla: “Cuando pases penurias cómprate un traje nuevo”. Decía que es precisamente en esos momentos cuando se necesita mantener la moral alta. Y eso hacía. Cada una de las veces que se arruinó, se compró un traje nuevo.

HOMBRES FEOS

 

         

Soy de esa clase de mujeres a las que les gustan los hombres feos. Mi bisabuela decía que el hombre, con que sea un puntito más guapo que el diablo, tiene más que suficiente. Tal vez sea su herencia genética la responsable de mi aversión hacia los guapos, aunque yo prefiero aducir razones prácticas. Para empezar, salir con hombres guapos resulta poco saludable. Y es que a mí, llevar del brazo a un irresistible bombón al que todas las arpías lanzan miradas de intensidad sospechosa, acabaría provocándome una úlcera de estómago. Además todas sabemos que los hombres guapos se esfuerzan menos. Ellos no tienen que ser simpáticos, ni inteligentes, ni apañados en la cocina, ni buenos amantes. Son simplemente guapos. Sin embargo, detrás de un hombre feo, se esconden siempre innumerables virtudes. Te lleva el desayuno a la cama, te dice que estás preciosa con ese vestido, prepara veladas románticas, y si es muy feo muy feo, incluso puede que sepa qué diablos es un clítoris. Los hombres guapos son aburridos, padecen de una extraña tendencia hacia la infidelidad, y se muestran permanentemente encantados de haberse conocido. Así las cosas, hay un máxima que sigo a pies juntillas: jamás salgo con un tipo que tarde más tiempo en arreglarse que yo. Pero reconozco que detrás de todo esto se esconde también mi incurable egocentrismo: cuanto más feo sea él, más guapa pareceré yo.

EL ELEGIDO

Tengo un nuevo compañero de piso. Qué se le va a hacer, son los daños colaterales del boom de la vivienda. Si me paro a pensarlo, es surrealista. Pones un anuncio en el periódico, entrevistas a una persona y a las cuarenta y ocho horas está en pijama preparándose la cena en tu cocina. Ni siquiera con mis ligues voy yo tan rápida.
La selección de la persona adecuada para convivir contigo es todo un arte. En una entrevista de siete minutos debes decidir si vas a permitir que ese tipo te vea a diario con la mascarilla puesta y las zapatillas del Carrefour. Un estrés.
Cuando mi nuevo compañero vino a ver el piso, supe que ÉL era EL ELEGIDO. Es feíto (no traerá mujeres a casa), es informático (se pasa el día haciendo horas extras), viaja mucho (un buen compañero de piso es un compañero de piso ausente) y se pasa el día hablando de su pueblo (se irá todos los fines de semana...).
El único inconveniente es que es parecidísimo a Alfredo Landa en sus mejores tiempos, y me mira como si yo fuese una sueca de esas de las películas de los años sesenta (le saco dos cabezas). Temo que empiece a perseguirme por toda la casa... Pero en fin, nadie es perfecto.

SIETE TÍOS EN MI SALÓN

El calentador de mi casa sigue sin funcionar, así que se me están poniendo los muslos duros como piedras, pero el humor se me está poniendo de perros. Y es que ducharse en agua fría a las siete de la mañana es altamente cabreante. En cuanto pongo un pie en la bañera intento neutralizar la sensación de dolor cantando a voz en grito eso de “quién es ese hooooombre, que me mira y me desnuda... la la la la la la la, laaaa... nadie me lo quiiiiiiiiitaa..”, pero entonces los que se cabrean son los vecinos.
El otro día vino una fontanera a arreglarlo, dio los buenos días, se cargó una pieza, la cambió, cobró ochenta euros y se fue. Digo yo que los ochenta euros serían por los buenos días... El caso es que me da un poco de vergüenza llamar a la empresa para protestar, no sea que se crean que soy misógina.
Hablando de problemas domésticos, también este fin de semana he tenido problemas con mi compañero de piso. El sábado por la noche, estaba yo con el culo en el sofá y los pies en la mesa, con mi mantita de Iberia y mis zapatillas de Carrefour, dispuesta a ver a Gemma Ruiz Cuadrado (la ex de Álvarez Cascos) largando en un programa del corazón a cambio de pasta (que hay que ver lo que ha degenerado la alta sociedad). Lo mejor de la entrevista fue cuando dijo, en plan super-progresista, que nadie necestiaba una vivienda más allá de sus necesidades (frase antológica donde las haya). Eso sí, ella vive en un pisazo de 200 m2 en la calle Serrano, se ve que sus necesidades sí que van más allá...
Bueno, pues en estas me hayaba yo, dispuesta a dejarme narcotizar por la caja tonta, cuando llaman al timbre y mi compañero me dice que son unos amigos a los que ha invitado. Así que se plantan siete tíos en mi casa, cargaditos de cervezas, cocacolas y Dic, y me montan un botellón en medio del salón, que no podía yo ni escuchar las tonterías que decía la ex del ministro. Seguí acurrucada en el sofá, subiendo el volumen del televisor hasta límites insospechados y trataba de ignorar a aquella panda de cenutrios. Pero cuando uno de ellos al que se le salía el whisky por las orejas, se sentó a mí lado, me miró medio vizco y me dijo "¿vienes mucho por aquí, tía?", se me acabaron de hinchar las narices y los saqué a todos a escobazos del piso.
No es la primera vez que mi compañero de piso hace algo así. Un día llegué a mi casa a la una de la mañana y me encontré el salón tomado por su familia. Estaban todos acomodados en los sillones y en sacos de dormir y roncaban como angelitos, sus padres, sus hermanas, su hermano, su cuñada y un gallo, que no habían querido dejarlo en el pueblo. Lo juro que es cierto. No quise encender la luz para no despertarlos, y como no veía un pijo y además me había pimplado dos daiquiris, acabé pasándoles por encima a todos los que dormían en el suelo. Un horror. Por supuesto, a las seis de la mañana el gallo se puso a cantar, y no hubo narices de hacerle cerrar el pico. Ay, Señor, qué dura es la convivencia...

LOS TRAPITOS DE LETICIA ORTIZ

 
No puedo con Leticia Ortiz. No la soportaba cuando daba el telediario, así que ahora que tengo que mantenerla se me remueven los hígados. Es que cuando la veo luciendo modelitos a cargo de los Presupuestos Generales del Estado (a los que contribuyo con mi mísero sueldo), mientras yo me espero a las rebajas de Zara, se me llevan todos los demonios. Y es que no repite uno! No sé qué hará con ellos, porque después de estrenarlos desaparecen de su fondo de armario. Por lo menos podía rifarlos.
Y es que la Familia Real nos sale carísima. Éste año 13.000.000 de euros (caculad en pesetas…).Y encima cada vez son más a mantener, porque no dejan de traer vástagos al mundo… Claro, como les compramos nosotros los pañales!
Con esto del parto de Leticia Ortiz estoy que no duermo. No paro de echar cuentas, me paso las noches pensando: ahora los pañales y los potitos, luego la guardería bilingüe y las clases de equitación, luego los trapitos para asistir a puestas de largo, cenas de gala, y eventos varios, después la Universidad de Princetown y el MBA, y por supuesto viajes de placer, veraneos en Palma, yates de lujo y una boda por todo lo alto. Es que es una pasta. Y los medios de comunicación encantados: que va a parir, que está a punto, que ya viene, que sí que sí... que ya ha parido, que vamos a cambiar la Constitución. ¿Pero es que nadie más ha dado a luz en este país?
Y luego a los pelotas de las televisiones, salvo honrosas excepciones (Dios salve a Peñafiel), se les llena la boca alabando a la nueva lady di. La más mona, la más lista, la más intelectual, la super profesional, la reina de las presentadoras del telediario, la mujer actual que viene a salvar a España. Pues coño, que se presente a las elecciones este fenómeno de la naturaleza. Que funde un partido político, o mejor una religión de masas. Que semejante talento no se puede desperdiciar en presenciar desfiles militares con cara de fastidio y parir hijos que veraneen en Marivent.
Nada, ni Doña Leticia, ni Su Alteza Real, ni Princesa de Asturias, ni la Leti. Para mí Leticia Ortiz a secas. Y no puedo con ella.

POTRO DE TORTURA

Tengo un secreto. No se lo he dicho a nadie, porque temo ser juzgada. Los viernes me escabullo con sigilo, con una bolsa de deporte en la mano. Nadie se pregunta a dónde voy. Me da miedo que alguien me descubra y entonces tener que confesarlo: Sí, está bien, es cierto. Yo hago Pilates.
No me malinterpretéis, no soy nada de eso que estáis pensando (y quitáoslo de la cabeza, bajo el nick Brigantis no se esconde Terelu Campos). Yo soy normal, lo que pasa es que las clases de Pilates me entran en la cuota del gimnasio. Así que los viernes me pongo las zapatillas y me voy a hacer esas contorsiones imposibles, rodeada de cuatro o cinco barbie-deportistas.
A mí me habían contado que el pilates era algo así como una mezcla de yoga y estiramientos, y que te dejaba un cuerpo escultural. Así que yo pensé, ¡menudo chollo, estás una horita haciendo estiramientos y te pones cañón! Pero decir que el Pilates son estiramientos es como decir que Lucía Etxebarría es una gran escritora, o sea, una tomadura de pelo. Para que os situéis, una clase de pilates es como una sesión en un potro de tortura de la Santa Inquisición. Cómo serán los estiramientos de marras, que hay gente que dice que en tres clases se le han quedado cortos los pantalones. Durante la clase aguanté como pude el suplicio, sobre todo por no quedar mal con las barbie-deportistas, que me sacan diez años. Pero al día siguiente no podía levantarme de la cama. Yo no sabía por qué me encontraba tan mal, me tomé la fiebre, comprobé mi pulso y llamé a mi hermana para consultarle. Me dijo: Ay que horror, que seguro que es la gripe de los pollos! Le llamé gilipoyas, le colgué el teléfono y me tomé un antigripal por si acaso. Cuando llegó el médico y me encontró postrada en el lecho del dolor, después de unas cuantas comprobaciones me preguntó: -¿hizo usted ayer algún esfuerzo sobrehumano?- yo me tapé con la sábana hasta la nariz, y roja de vergüenza confesé: -Bueno, he hecho Pilates, pero es que era nivel avanzado...
El doctor me aseguró que era el trigésimo sexto caso de post-pilates que atendía en un mes, pero que hasta ahora los casos se circunscribían al Barrio de Salamanca. Al parecer, soy el primer caso en los suburbios.

ME PIRRA RODRIGO RATO

 
 
La madre de una amiga, (una señora de esas que hacen Pilates y mean Loewe), me ha confesado que Fefé (Fernando Fernández Tapias) le pone. Me lo dijo el otro día en tono confidencial y con ojos libidinosos. Yo no daba crédito a sus palabras, e intenté asegurarme antes de empezar a tener nauseas:

-Pero...¿hablamos del mismo Fefé? - le pregunté incrédula.
-Sí mujer, Fefé el de las navieras, el de la Cámara de Comercio, el que estuvo con Mar Flores...
-¿Ese que va tan colorado que parece de duerme en una máquina de rayos UVA?
-Uy, sí sí sí, ese!! Uy qué morbo, qué morbo!!
-Pero vamos a ver, imagínese que va usted tan ricamente por la calle Serrano, y en un andamio se encuentra con un obrero con mono igualito que Fefé, poniendo ladrillos. ¿Se lo imagina?
-(Poniendo cara de concentración) Sí, creo que sí me lo imagino...
-¿Y le pone?
-¡Uy qué cosas dices, qué horror, no me pone nada!
-Pues eso.

Ahora que desde luego en gustos yo no critico a nadie, Dios me libre, no tengo valor para hacerlo, porque los míos son de juzgado de guardia. Yo es que le encuentro atractivo a ciertos hombres que, habitualmente, no tienen mucha clientela entre el género femenino. Así que no me tengo que tirar de los pelos con ninguna pelandusca, porque en mi sector no suele haber mucha competencia.
Por ejemplo, a mí me pirra Rodrigo Rato. Sólo de nombrarlo me recorre un escalofrío por las meninges. Llevo amándolo en secreto desde que era Ministro de Economía, y ahora que dirige el Fondo Monetario Internacional, es que me funde los fusibles. Lo recuerdo en el Congreso, explicando los Presupuestos con una mano metida en el bolsillo, y se me caen lagrimitas de nostalgia.
Hace un par de semanas soñé que intentaba ligar conmigo en una discoteca, y que yo le sonreía y le quitaba la corbata. No sé, creo que voy a dejar de leer tantas revistas de economía...

LOS CINCO EXTRAÑOS HÁBITOS

SE HA PUESTO EN MARCHA EL MEGA-JUEGO: TUS CINCO EXTRAÑOS HÁBITOS. El blogero Iubum me ha seleccionado para participar, así que... ahí va eso.

LAS REGLAS DEL JUEGO SON:

El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título "5 extraños hábitos tuyos".
Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito,  de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento.
Al final, debéis escoger 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo

"Has sido elegido"  y dices que lean el vuestro.

Y ESTOS SON MIS CINCO HÁBITOS:
 
- Cuando voy a un baño público siempre corto un trozo del rollo de papel y lo tiro. Soy un poco obsesiva, y pensar que ese trozito de papel lo ha tocado otra persona... (un poquito escatológico, ya lo sé...).
 
- Duermo, SIEMPRE, con la cabeza bajo la almohada y las sábanas cubriendo mi boca, con lo que sólo queda fuera... ¡la nariz! (Para poder respirar, claro!) Me resulta imposible dormir de otra manera.(No conozco ningún caso igual).
 
-La luz de mi mesilla de noche está permanentemente encendid durante el día. Da igual que yo esté en otra habitación de la casa o salga a comprar el pan, la luz se queda encendida. Me desestabiliza llegar a mi habitación y encontrármela apagada...
 
-Siempre dejo mi móvil en otra habitación de la casa, nunca lo tengo conmigo (por eso casi nunca lo oigo). Si lo tengo cerca de mí me parece estar sintiendo las ondas electromagnéticas penetrando en mi cabeza (ya os he dicho que soy bastante obsesiva...).
 
-Voy por la calle esquivando alcantarillas. Jamás las piso, ya que temo hundirme y caer en el AGUJERO NEGRO. Esto a veces me produce algunos altercados con el resto de peatones, ya que para esquivar las alcantarillas debo obstaculizarles a ellos el paso.
 
 
Y MIS ELEGIDOS SON: Tolousse, Hangelus Girl, Oskare, Trebol,y Anawin
 
 
 

MI CASERA ME CUENTA LOS KIKIS

¿Conocéis esa sensación de angustia en la que sientes algo así como si llevases un misil Tomahawk clavado en el pecho? Llevo todo el día repitiéndome, como en una especie de letanía mantra: “Mi vida es maravillosa, yo soy maravillosa, mi destino es maravilloso”. Pero claro, no hay quien se lo trague. Vivo de alquiler, en el trabajo me mandan a por café, el hombre de mi vida se ha vuelto gilipoyas, y yo no sé qué narices hacer con mi pelo. Además no puedo sintonizar la Primera en mi televisor, así que me pierdo todas las noches el telediario de Lorenzo Milá. Cuando sale sin corbata, enloquezco... De todas estas desgracias, lo que peor llevo es lo del alquiler. Sobre todo teniendo en cuenta que mi casera vive en el piso de abajo y lleva la cuenta de mis kikis (¿kikis?,qué cursi soy, Señor). Me la encuentro en la escalera: -Buenos días, niña. Oye, que esa cama hace mucho ruido, que esta noche mi marido no podía dormirse... -Oh, lo siento (si yo durmiese a tu lado tampoco podría dormirme). Esto... se ha estropeado el calentador, el agua sale congelada. -Qué cosa tan rara, ese calentador es buenísimo, y no tiene ni diez años... Pero bueno mujer, ja ja ja, el agua fría prieta las carnes. -Ya, pero me gustaría que llamase usted a un fontanero (porque yo las carnes aun las tengo prietas, gracias a Dios). -Bueno, ya subiré yo a ver qué le has hecho al calentador. Y a ver si esta noche podemos dormir todos... -Sí, claro (¡a que me quito el misil Tomahawk y te lo clavo!). Mi vida es maravillosa, yo soy maravillosa, mi destino es maravilloso...

¿QUÉ HACE UNA CHICA COMO TÚ EN UN SITIO COMO ÉSTE?

Hoy me he levantado, me he pesado, me he llenado la cara de potingues, y me he instalado en el sofá, delante del televisor. He estado viendo una serie en la que una señora va por ahí pegándole patadas a todo el mundo, la muy cafre. Su compañero de aventuras es tontito, y su compañera tontísima. Ella es superlista. He visto el anuncio de una serie de televisión que se llama El pasado es mañana, y yo he pensado que no, que el pasado es hoy. Me explico. ¿No habéis mirado a veces hacia atrás y habéis deseado cambiar vuestro pasado? Nos pasamos la vida deseando haber actuado de forma diferente o haber dicho lo que no dijimos. Pensad en la cantidad de guiones de cine en los que los protagonistas vuelven al pasado para arreglar sus errores, con lo que acaban cambiando su futuro. Pues se me ha ocurrido pensar que todos tenemos la oportunidad de arreglar los errores de nuestro pasado, si pensamos que desde mañana mismo, el día de hoy será nuestro pasado. Si cambias el hoy, estás cambiando tu pasado. No sé, a lo mejor ingerir demasiado chocolate atonta las neuronas y empiezo a delirar...
Creo que encerrarme en casa no es buena idea, porque voy a acabar pareciéndome a Morticia. Además he pensado que mi ego malherido necesita oír eso de ¿Vienes mucho por aquí? ¿Te puedo presentar a mi amigo? ¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?¿Te puedo invitar a una copa? Creo que nos conocemos... ¿Te han dicho alguna vez que te pareces a Sandra Bullock? Puede que os parezca una frivolidad, pero es que esto es una emergencia y necesito un tratamiento de choque, porque me siento tan insignificante como un piojo.
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CORAZÓN DE CERDO

Acaban de romperme el corazón. Me diréis que eso no tiene importancia, que es un detalle insignificante que no alterará el rumbo del universo, y que cada día le parten el corazón a miles de personas. Pero es que el mío tiene ya unos costurones... que no gano para remiendos. Mi corazón es como un viejo abrigo tan roto por miles de sitios, tan zurcido, tan parcheado, tan remendado y vuelto a remendar ... que no admite ni una costura más.
Lo que más me fastidia cuando me parten el corazón es que salgo a la calle y todo el mundo me parece inmensamente feliz, y entonces me obsesiono con la idea paranoica de que Cupido me tiene debajo de un diente.
Un amigo, intentando consolarme, me ha dicho que estadísticamente es muy difícil que vuelvan a rompérmelo. Y yo me he acordado de ese chiste en el que un señor le dice a otro que en Madrid atropellan a un hombre todos los días, y el otro le contesta: ¡pues pobre hombre, estará hecho polvo!
Pues eso, que la estadística me la paso yo por el forro, porque a costa de las veces que me han roto el corazón, seguro que en alguna parte hay varias personas a quienes no se lo han roto nunca, y eso es un injusticia social. Así que creo que alguien devería inventarse una ONG. Corazones en Cabestrillo sin Fronteras, o algo así, que luche por corregir esa tendencia de que el corazón siempre nos lo partan a los mismos.
Yo, por mi parte, le he pedido a mi médico de cabecera que me recete algo que inhiba las glándulas del enamoramiento, porque considero que soy un caso de alto riesgo, pero parece ser que ese tipo de tratamientos no los paga la Seguridad Social. También le he pedido un trasplante de órgano, puesto que el mío no admite ni un zurcido más, pero dice que en esto del corazón hay mucha lista de espera. Sin embargo me han contado que gracias a los últimos avances de la medicina, ahora te pueden trasplantar el corazón de un cerdo. Enseguida he aceptado encantada, y me pregunto cuántos de los que me han roto el corazón llevarían un corazón de cerdo trasplantado.

LA VIDA A VECES

 
 
Creo recordar que era John Lennon el que decía “la vida es aquello que nos ocurre mientras nosotros hacemos otros planes”. Y tenía más razón que un santo: ¿a quién le ha salido la vida como había planeado? Da igual los planes que hagas, los cabos que ates, el futuro que proyectes, la vida te va a dejar siempre de piedra. Recuerdo que cuando tenía catorce años, mi futuro a la vista era conseguir trabajo en una fábrica de pescado local, quitándole las vísceras con los dedos a las sardinas. Yo asumía con toda naturalidad que así sería, y que tal vez me casaría con un marinero. Pero resulta que la vida me dio una patada en el culo y me plantó en Madrid, lejos de cualquier conservera, y al marinero aún lo estoy esperando. Así que aprendí a no hacer demasiados planes, porque me he convencido de que son una pérdida de tiempo. Ya lo decía el maestro Serrat: “De vez en cuando la vida nos gasta una broma y nos despertamos sin saber qué pasa...”.